En la localidad rural de Mashue, en la comuna de La Unión, Región de Los Ríos, se desarrolla una experiencia para fortalecer la agricultura sustentable y la protección de los ecosistemas locales, a través de la elaboración y uso de biol, un bioinsumo orgánico líquido clave para la transición agroecológica.
El biol se obtiene a partir de la descomposición anaeróbica de materia orgánica, como estiércol animal y restos vegetales, y es reconocido por su aporte de nutrientes esenciales y su capacidad para fortalecer la salud del suelo, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
La iniciativa es impulsada por el Proyecto GEF Incentivos para la Conservación de la Biodiversidad (GEF ICB), en conjunto con el Comité de Agua Potable Rural (CAPR) de Mashue, la Agrupación Agroecológica de Mashue y la Consultora Albatros, asesores técnicos del CAPR en agroecología y planificación para la gestión territorial, y busca reemplazar insumos convencionales por alternativas naturales, promoviendo el control biológico de plagas y disminuyendo la carga de químicos en el suelo.
“La biofábrica de biol que estamos impulsando como CAPR Mashue es un avance concreto hacia una agricultura más sostenible. Nos permite producir nuestros propios fertilizantes orgánicos, mejorar la salud del suelo y apoyar la restauración de microcuencas y áreas degradadas, reduciendo el uso de químicos. Este proyecto, demuestra que las comunidades rurales podemos avanzar en productividad y cuidado del territorio al mismo tiempo”, Fernando Muñoz, presidente del CAPR de Mashue.
Durante la primera quincena de enero se realizó un taller teórico-práctico dirigido a agricultores y agricultoras de la zona, enfocado en la fabricación y aplicación del biol. La actividad apuntó a restaurar las condiciones del suelo y aumentar su capacidad de retención de agua, un factor clave frente a los efectos del cambio climático.
Desde el ámbito técnico, Martín Gómez, de la Consultora Albatros, destaca que “el biol es una solución sencilla y de alto impacto, porque transforma residuos locales en un insumo clave para la producción agrícola. Con estos procesos buscamos que las comunidades ganen autonomía técnica y fortalezcan prácticas agroecológicas sostenibles en el tiempo”.
El proyecto también releva la necesidad de contar con un plan de gestión integral, que incorpore no solo la producción y distribución de bioinsumos, sino también un modelo de negocio que asegure su continuidad y escalabilidad. “No se trata solo de producir biol, sino de generar capacidades locales y condiciones económicas para que estas prácticas se mantengan y se expandan”, explica Amerindia Jaramillo, coordinadora del Proyecto GEF ICB.
Esta experiencia se alinea con políticas públicas como el Programa de Transición a la Agricultura Sostenible (TAS) del Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP), en la que participan algunos socios del CAPR, que promueve prácticas productivas que mejoran la biodiversidad, fortalecen la salud del suelo y reducen costos mediante el uso de insumos naturales. El objetivo final es avanzar hacia sistemas agrícolas más resilientes, diversificados y con menores impactos ambientales, en beneficio de agricultores, consumidores y ecosistemas locales.